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Libertad de amar y derecho a morir: No confundamos eutanasia ni eugenesia con homicidio.


Joaquín Chaves Sola

Eugenesia

La eugenesia es esa peligrosísima idea por la que unas personas influyentes se arrogan el derecho de drigir el destino físico de los hombres impidiendo que los incompententes, tullidos o poco productivos estorben. La teoría de la evolución fue un gran paso en la racionalización y consolidación de esta idea de que el bien común puede obligar a ciertos sacrificios -nunca mejor dicho "sacrificios"-. En épocas anteriores, la eugenesia era un hecho, pero ni se racionalizaba ni se regularizaba.

A principios del siglo XX, uno de los grandes precursores fue Francis Galton que en 1907 crea el Instituto Galton y junto con Sybil Gotto la Eugenics Education Society. La ideología pseudocientífica de la eugenesia se extiende como la pólvora entre los snobs -gentes sine nobilis, sin honor- de la época, igual que otras muchas pseudociencias sociales como la criminología de Lombroso o "el principio de la población" de Malthus. Esta "dismal science" o conjunto de teorías grises descabelladas que alimentaron desde mediados del S. XVIII el colectivismo más rastrero cuyas consecuencias sufrimos hoy, persiste en la actualidad entre hombres sin honor.


Don Luis Jiménez de Asúa

Uno de los primeros y aventajados seguidores de esta ciencia gris fue Jiménez de Asúa, jurista y político español del Partido Socialista, del que se exhibe hoy en día un retrato honorífico en la Real Academia de la Jurisprudencia Española y que en 1918 escribió sobre la necesidad de "meter en vereda" a todos los discapaces e inútiles. Muere en el exilio como presidente de la República de España y es reputado como erudito en derecho penal en toda Latinoamérica. En su libro de 1920 "La Libertad de Amar y el Derecho a Morir" que fue reeditado con posterioridad, hace un desarrollo doctrinal sobre la necesidad de regular la vida y la muerte para el bien de la sociedad, introduciéndose en el proceloso mundo del "delito de contagio". En un formato de ensayos, habla de la justificación jurídica de "la eugenesia y la seleción", la maternidad consciente y la libertad de amar , un segundo ensayo la Eutanasia y el "Homicidio por piedad" -para que el enfermo deje de sufrir y el tonto deje de ser castigado-; y un tercero sobre endocrinología y delincuencia donde la idiocia, la histeria o la menopausia, deben tener su merecido.

Menciona en su libro la tendencia en Estados Unidos de proveer de mecanismos de esterilización y deseando esa misma felicidad para España declara:

"Cuando llegue la época, vista desde su atalaya técnica por el Dr. Julio Bravo, en que los hombres sanos nos hagamos reconocer periódicamente por un médico especialista de "Medicina Preclinica", con el fin de conservar la salud gozada, todo el camino estará andado".

Don luis Jiménez de Asúa consigue eliminar los consejos de familia, redacta la primera Ley de vagos y la orden gubernativa de internamientos.


Don Julio Bravo Sanfeliú

Fue un Médico dermatólogo, divulgador cinematográfico de temas sanitarios y autor de novelas y obras de teatro. Obtiene en 1921 una de las plazas del Cuerpo Oficial de Médicos de la Lucha Antivenérea. En 1924 viaja a Bélgica e Inglaterra, comisionado para estudiar la organización antivenérea, y en 1926, a Estados Unidos y Canadá, bajo los auspicios de la Fundación Rockefeller, para conocer el funcionamiento de la asistencia pública dermatológica. Sus estudios le llevaron a la Escuela de Higiene de Baltimore y a la Escuela de Medicina de Detroit, como lector de Venerología. Establecido en Madrid, ejerció en el Instituto Asúa y en su clínica particular.

Profesor agregado de Propaganda Sanitaria de la Escuela de Sanidad, en 1934 era jefe de la sección de Propaganda de la Dirección General de Sanidad, a la que aportó iniciativas hasta entonces desconocidas en España: métodos modernos de publicidad, utilización de la cinematografía sonora, carteles a cargo de reconocidos artistas, todo ello dirigido a una propaganda sanitaria de divulgación popular en la que fue pionero.

De 1936 es el film Vidas nuevas, con guión, dirección y narración suyas, y que fue producido por Bayer. Su última realización fue un documental sobre la tuberculosis pulmonar. Entre sus publicaciones médicas destacan Algunas consideraciones sobre propaganda en general y propaganda sanitaria en particular (Dirección General de Sanidad, 1951) y La técnica moderna en la didáctica y la difusión de los progresos médicos (Zaragoza, Institución Fernando el Católico [IFC], 1953).


Los años han pasado y el panorama dibujado por estos autores se mantiene en la realidad más de un siglo después, en un país donde la corrupción médica, la medicina coercitiva, el aborto, la eutanasia, la esterilización de incapaces es una realidad cotidiana.



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Progreso de las teorías.

En una argumentación terroríficamente circular, el bien de la sociedad justificaría jurídicamente la eugenesia como una política de estado que a su vez justificaría la "medicina preclínica", que justificaría que no fuese estrictamente voluntaria, lo que nos lleva por refuerzo de la eugenesia al aborto, la esterilización, la criminalización sexual, la eutanasia compasiva y terminaría ... la eutanasia por motivos sociales, es decir, la eliminación de incompetentes y de improductivos por motivos sociales. Como posteriormente diría el Magistrado del Tribunal Supremo Sr. Oliver Wendell Holmes en el caso Elaine "Debido a su incapacidad para el autocontrol y su promiscuidad, y como hay datos sobre merodeos nocturnos sin compañía adulta, el médico ha recomendado esterilizarla. Eso prevendrá que tenga más niños cuando ni siquiera es capaz de cuidarse a sí misma, dado el hecho de que no podrá actuar nunca como una buena madre". Y en el caso de Carrie Buck sentenció: "Es beneficioso para todos si, en lugar de ejecutar a los hijos que son degenerados por los crímenes cometidos, o dejarles morir de hambre a causa de su imbecilidad, la sociedad puede evitar que esos que son obviamente incapaces transmitan esa condición a su descendencia" .../... "tres generaciones de imbéciles ya hay suficiente".

La esterilización, el aborto y la vacunación obligatoria mediante una moderna "teología social", no solo se vuelven razonables sino además necesarias y justifican el uso de la fuerza al objeto de defender a la sociedad de los perjuicios que pueden causar los débiles mentales ya sean degenerados, negacionistas o antivacunas.

De la misma manera que en España a principios del Siglo XX, se habría paso entre políticos, juristas e intelectuales las ideas de la eugenesia, el pasaporte de salud prematrimonial, la supresión de los Consejos de Familia, la orden gubernativa de internamientos involuntarios de 1932 y la Ley de Vagos y Maleantes de 1935, con todo su arsenal de intervenciones médicas involuntarias imaginable, en Alemania se aprueban las Leyes de Nuremberg de pureza racial en 1935 redactadas por el jurista y político Wilhelm Frick. En esas leyes, se establece la necesidad de tener un pasaporte o certificado para casarse y para tener descendencia e impone limitaciones sociales según distintos niveles de pureza para el ejercicio profesional o recibir herencias.

La Rusia comunista no se separa de la idea y los fines del control social a pesar de que el partido llama a la genética "pseudociencia burguesa" e inaceptable, pero entendiendo que la naturaleza no se hereda sino que se educa, se establecieron sistemas de reeducación y castigo para todos los desviados y disidentes. El fin era el mismo: el control social y la destricción de lo molesto.


Eutanasia y homicidio.

Mientras que la eutanasia tiene ineludiblemente un componente legal, cultural e ideológico -aberrante e iracional pero existente- el homicidio no es nada más que la expresión subjetiva de un deseo de acabar con una vida humana por un motivo arbitrario o incluso sádico.

En plena implantación de las políticas eugenésicas en España, lo cierto es que estas políticas en su faceta homicida -es decir arbitrariamente- se vienen aplicando de manera descontrolada desde hace años y, de una manera descarada durante la pandemia, creando en la actualidad una amalgama de conceptos que bajo el eufemismo de Eugenesia y Eutanasia, se esconde "el homicidio legalizado".

Porque es homicidio legalizado lo que estamos hartos de ver en los últimos años con sedaciones sin información ni consentimiento pleno, con vicios en el consentimiento por presiones y burocraia, por aislamiento del paciente o por privación de la capacidad de decidir por "trastorno mental". A la Ley de Eutanasia se la complementa con la Ley 8/2021 de modificación del Código Civil en materia de capacidad, donde ya el control de las situaciones pasa de ser judicial a ser una responsabilidad gubernativa.

Lo que ha ocurrido durante la presente crisis sanitaria no distingue entre vacunados y antivacunas, entre complacientes y disidentes, entre jóvenes y ancianos. Todos estamos en riesgo o a muy poca distancia de estarlo.


El caso de Joaquín Chaves.

El caso de Joaquín Chaves es uno más entre los miles de casos ocurridos cada año en este país.

  1. Llega al hospital con un dolor cardiaco.

  2. Es una persona mayor.

  3. Se le obliga a hacer una PCR como condición a la asistencia médica -los médicos cuando van a un congreso médico o reciben la visita onerosa de un "visitador" no exigen al visitador que se haga una PCR ni al dinero de la mordida se lo somete a "esterilización"-.

  4. Se le indica que la única asistencia que puede recibir es un cateterismo. "O todo o nada". No hay más opciones. No hay alternativas ni segundas opiniones -por cada cateterismo con stent se presume una comisión para el médico que lo pone-.

  5. El paciente pide información, y pide ayuda y compañía de sus seres queridos.

  6. El paciente sufre las burlas, las amenazas y el desprecio del personal sanitario. El paciente es aislado.

  7. Don Joaquín tiene miedo, tiene angustia y tiene estrés. Tiene sed. Mucha sed. Se queja. Nadie hace caso. Le dicen que no puede beber hasta que no se le haga el cateterismo que ha rechazado... Se mantiene al paciente con sed, a pesar de que la sed se puede aliviar con un suero intravenoso... pero la sed puede hacer que el paciente cambie de opinión y acepte hacerse el cateterismo.

  8. Durante más de dos horas la angustia sufrida hace que el paciente ceda y autoriza el cateterismo.

  9. Durante dos horas se le niegan otras opiniones y tratamientos.

  10. El paciente durante la intervención sufre las complicaciones a las que tenía miedo y por las que rechazaba el cateterismo.

  11. Don Joaquín Chaves Sola muere durante la intervención coactiva e involuntaria.

Ante esa situación los médicos dirían: "hemos hecho todo lo posible". "No hemos podido evitar este resultado".


Conclusión

La misma situación se da unas 20.000 veces al año en España -según estimaciones prudentes de la Comisión Europea en sus informes sobre la seguridad de los pacientes-, en las que un "error médico evitable" se lleva la vida de un paciente. Y a esta línea de base del homicidio legalizado, se le han de añadir las bajas pandémicas y la aplicación de la Ley de Eutanasia, pero no nos equivoquemos: se trata en todo caso del homicidio legalizado.

Se ha legalizado lo que desde el punto de vista deontológico es una aberración: la medicina involuntaria.

El médico ha sido siempre un profesional de confianza, pues sin confianza no existe relación médico paciente. Así lo establece la ética médica desde maimónides


"Haz que mis pacientes tengan confianza en mi y en mi arte y que sigan mis consejos y prescripciones",

pero también en la versión deontológica moderna:


"Preámbulo: ...Los principios esenciales de la profesión médica se traducen en las siguientes actitudes, responsabilidades y compromisos básicos: El fomento del altruismo, la integridad, la honradez, la veracidad y la empatía, que son esenciales para una relación asistencial de confianza plena";

"Artículo 8 1.‐ El médico debe cuidar su actitud, lenguaje, formas, imagen y, en general, su conducta para favorecer la plena confianza del paciente. 2.‐ La asistencia médica exige una relación plena de entendimiento y confianza entre el médico y el paciente";

"Artículo 11 . El médico sólo podrá suspender la asistencia a sus pacientes si llegara al convencimiento de que no existe la necesaria confianza hacia él. Lo comunicará al paciente o a sus representantes legales con la debida antelación, y facilitará que otro médico se haga cargo del proceso asistencial, transmitiéndole la información necesaria para preservar la continuidad del tratamiento".

Así se expresa también en la Declaración de Córdoba de la Asociación Médica Mundial sobre las relaciones médico paciente y en la Declaración de Seúl sobre la Autonomía Profesional y la Independencia Clínica; la Declaración sobre la Intimidación y el Acoso en la Profesión de 2017; la Declaración de Ginebra de 2017; la declaración de Lisboa de 1981 sobre los derechos del paciente; o la Declaración de Washington sobre la automedicación de 2002.


No existe ninguna norma legal ni profesional que ampare el abuso médico y el homicidio por mucho que se disfrace de "normopraxis", de eugenesia o de eutanasia y debemos llamar a las cosas por su nombre si queremos evitar que esta nueva moda se implante y normalice. La medicina socializada y regulada es un ataque frontal a los pacientes y todos, vacunados, tullidos, dementes y ancianos o no, estamos en grave riesgo.









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