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Reconoce el daño que tu miedo te ha causado y ha causado a otros.


Por Don Alberto Bidarra

Soy psicólogo sanitario y realizo mi trabajo desde hace más de 13 años. Licenciatura en Psicología, Formación en Terapia Gestalt, Realizo sobretodo terapia individual desde la rama humanista e incluyo la respiración, el trabajo corporal, la meditación como técnicas que favorecen el trabajo personal. Miembro titular de la Asociación Española de Terapia Gestalt, colaborador de la Escuela Pañña de Santiago de Compostela (escuelagestaltgalicia.com), sigo mi formación dentro de la teoría del trauma y neurociencia.



Traducción de «Freedom from Fear» de Mark McDonald M.D.

– Puedo saber que un adicto está listo para entregarse a su tratamiento cuando le oigo que reconoce como su adicción lo ha dañado y lo sigue dañando. En esencia, el poder de este reconocimiento descansa en su aceptación humilde de la verdad y realidad. Representa un cambio interno lejos de la omnipotencia y hacia la realización consciente de que el poder, el conocimiento y la vida de uno mismo son finitos. Esto es siempre doloroso en algún grado, pero sin duda es necesario para el crecimiento. Nadie puede hacer esto por el adicto. El cambio tiene que venir desde dentro. Tiene que ver con sus propios ojos como se ha convertido en un ser debilitado, y como se ha trampeado a si mismo pretendiendo creerse que perseguir su adicción es algo que no tiene precio, que está por encima de todo lo demás.

– La adicción al miedo no lleva solamente al daño de uno mismo; también lleva al daño social. Reconocer el daño a uno mismo es sin duda un prerrequisito para tener en cuenta el daño que se hizo y hace a otros. Sin la atención a uno mismo y el desarrollo de un sentimiento de responsabilidad es difícil hacer frente al ambiente externo con honestidad y convicción. Reconocer el daño que se infligió a otros, a la familia y a extraños es un acto más público que reconocer el daño a uno mismo. Cuando uno ha hecho daño a otros está obligado a pedir perdón, pero esto no significa que su pedido de perdón sea aceptado.

– Hacer frente al resentimiento, enfado, juicio y rechazo de las personas a las cuales hiciste daño requiere resiliencia y madurez. Es un acto humilde colocarte en una posición de vulnerabilidad, sin saber como la otra persona responderá. Ceder el control no es nada nuevo. Lo has hecho cuando te volviste adicto al miedo. Ahora tienes que reconocer que parte del proceso de liberarte de tu adicción es ponerte en la linea de fuego de aquellos que has victimizado – tanto si tenias la intención de hacerles daño o no.

– Aunque te sentiste virtuoso en aquel momento, tu adicción al miedo tal vez te llevó a atemorizar y desprestigiar a las personas que se cruzaron contigo en la calle o en las tiendas. Haz actos concretos: Escribe una disculpa a tu comunidad en las redes sociales.

– Si has victimizado a tus vecinos mientras dabas tu paseo diario, timbra a sus puertas y pídeles disculpa. Es posible que ellos no quieran tener nada que ver contigo y por eso puede que no te abran la puerta. Déjalo por escrito. Seguir tu vida como si no hubiese ocurrida nada es un grave error. No te quites la oportunidad de enmendar tus actos, tanto para los que conoces por su nombre como para los extraños.

– Es momento para empezar el camino duro de reparar el daño que has causado, primero reconociendo el daño que te has causado a ti mismo y posteriormente extendiendo tu acto hacia fuera para incluir todas las personas de tu vida que han sido tocadas por tu adicción al miedo. Este paso, tal vez el más difícil, no puede ser despreciado. Dejar el miedo atrás no quiere decir que debes dejar los demás atrás, incluido a ti mismo.

– Hazte responsable. Reconoce el daño que tu adicción al miedo te ha causado a ti y a los demás.




Si quieres concocer más sobre Mark McDonald aquí tienes sus contactos.

http://www.dissidentmd.com (libros, redes sociales)

Mark McDonald, M.D.Adult, Child, and Adolescent Psychiatry11500 W Olympic Blvd Suite 426Los Angeles, CA

90064310-954-9565 phone

310-359-0467 fax



 

676 50 16 86;

zoom Alberto Bidarra


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Si, yo también he sido rechazada en varios entornos sociales, por no haber tenido nunca miedo a un virus inexistente y por lo cual haber negado la necesidad de una vacuna, o varias, como la mayor parte a mi alrededor. He aceptado los inconvenientes de estar excluida de la vida social, restaurantes, cines, deporte y tiendas, con excepción del supermercado. Por suerte mi familia pequena pero integra, piensa igual que yo en este sentido y hemos estado unidos, informados por los medios independientes y esperando, tb. activamente, que la verdad triunfara, como ha sido. Verguenza siento por los que han sufrido discriminación, persecución difamación y muchos otros danos. Es imprescindible que de tan ilegítimas experiencias, todos, tanto observadores como victim…

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Hola macasasmu. Estoy de acuerdo que el decir perdón a veces puede ser un acto vacío. Pero creo que hay algo diferente cuando buscamos reparar el daño causado. Esto supone una acción casi siempre de servicio y creo que es un buen antídoto para no volver a repetir el daño y para tener más consciencia de nuestros actos en el futuro.

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