Fake Maldita


No. Los "antivacunas" no son una amenaza de salud global.

Primero porque no existen antivacunas como lo asegura el propio Ministerio de Sanidad español en una respuesta oficial a este letrado, y como también así lo dice Heidi Larson, la experta socióloga de la OMS encargada de estudiar la confianza en las vacunas.

Segundo, porque una amenaza a la salud global son los laboratorios de biotecnología y de guerra biológica, que modifican, escapan, sueltan o difuminan nuevos virus en la población. Son una amenaza a la salud global, las autoridades que improvisan medidas de arresto domiciliario. Son una amenaza las autoridades que desprotegen, secuestran o asesinan a ancianos. Son una amenaza las autoridades que no supervisan la fabricación de vacunas y que no mueven un dedo cuando se trata de experimentar con niños. Son un peligro las autoridades que esconden debajo de la alfombra a miles de niños dañados cada año por las vacunas e insultan y acusan a sus padres de ser la causa de "enfermedades raras" y retrasos en el desarrollo neurológico. Son una amenaza quienes permiten que en las vacunas se añadan sustancias sobre las que no hay ningún control y son igualmente una amenaza los medios de propaganda como la falsa "asociación sin ánimo de lucro" Maldita, su coordinador Ramón Salaverría -que coordina también Newtral y EFE- y la institución globalista que los ampara como el Poynter Institute y su Fact Checking Network.

Amenaza global es la propia OMS que improvisa mientras mantienen una lucha entre los políticos de la OMS que no saben lo que dicen, y los científicos de la OMS que no saben cómo frenar las ocurrencias de los políticos.


El aluminio que se ingiere, nada tiene que ver con el aluminio que se inyecta. No hace falta ser de la Nasa para saber esto.

El aluminio inyectado es neurotóxico y hay un listado eterno de estudios y ensayos que así lo demuestran. La Asociación Española de Pediatría, no es una autoridad solvente en tanto en cuanto su funcionamiento depende de la financiación de la industria, es decir, de aquellos quienes ponen aluminio en las vacunas. No solo están financiados por la industria, sino que ocultan las cantidades que reciben y el motivo por el que reciben dichas cantidades.


La Beta-propiolactona es un conocido carcinógeno según la ficha técnica en la industria química, y la cantidad mucha o poca en las vacunas, ni la sabemos ni tenemos ningún control. La cantidad mucha o poca es indiferente del daño que puede producir como carcinógeno especialmente en niños. Decir que hay poco riesgo, es suficiente para que sean los padres quienes tengan que decidir siempre el riesgo que quieren asumir. De nuevo la AEP, no es quien para avalar ninguna seguridad mientras se financian de la industria.


Por mucho que quieran decir lo contrario, los antibióticos no son juguetes que se puedan inyectar a los niños. Primero hay que advertir de su presencia y segundo hay que controlar los efectos adversos. Luego no pueden ir quejándose de que aparecen bacterias superresistentes a antibióticos, si vamos haciendo un uso masivo y alocado de los mismos en vacunas. Si la producción de vacunas es estéril, no hay motivo para contaminación y el empleo de antibióticos ¿la producción de vacunas no se hace en un entorno estéril?


El glutaraldehido es un agente con capacidad carcinogénica conocida en uso externo y requiere medidas de seguridad cuando se manipula. Imagínate, si se inyecta y si se inyecta a niños. Tampoco es una cuestión de cantidad sino de riesgo y precaución. No existen estudios de seguridad del glutaraldehido inyectado en niños ni en adultos. La AEP insiste en su negligencia.


El formaldehido es otro agente con capacidad carcinógena. No existen controles de su eliminación "casi completa", ni se sabe a qué se refieren con "casi completa", y cuando dicen que los "resquicios" son seguros, no se sabe en base a qué lo dicen puesto que nunca se ha hecho un estudio de seguridad en el uso de esta sustancia en vacunas. CDC es el mayor productor de patentes de vacunas del mundo, y por lo tanto no es una entidad que tenga el más mínimo crédito científico en la materia por el conflicto de interés.


No existen pruebas de seguridad en el uso de ADN animal o humano en las vacunas, ni existe estudio de seguridad respecto de mutagenicidad, carcinogenicidad o alergias o desarrollo de enfermedades autoinmunes. Las enfermedades autoinmunes y enfermedades raras son una constante en aumento exponencial desde el uso de cultivos celulares. Cuando se habla de células humanas se omite decir CELULAS PROCEDENTES DE ABORTOS HUMANOS. La cuestión ética y moral sobre el empleo de fetos humanos no es una cuestión menor, sobretodo porque el uso de esas células viene de un tráfico ilegal de tejido fetal cuya madre no ha vendido ni autorizado a utilizar en industria alguna.

La mera presencia de ADN procedente de abortos, es una cuestión que debe ser conocida por el que va a ser vacunado y el reparo ético o religioso a participar en esta monstruosidad, debe ser motivo suficiente para respetar la voluntad del paciente o sus padres independientemente de los "beneficios" que se prometan. "Science Based Medicine" no es una "fuente" de conocimiento científico, sino un concepto fallido de medicina basada en la estadística que nada tiene que ver con la realidad ni con cuestiones morales.


El Timerosal durante años fue considerado seguro y necesario hasta que se denunció su peligro y se inició su retirada del mercado. Y no se retiró por capricho sino por la constancia de los efectos adversos que producía y que eran innegables. Lo mismo pasa con el resto de componentes de las vacunas. No es que no sean peligrosos sino que por ahora se puede tapar los daños que causan. Es la misma historia que ha ocurrido con el tabaco y la gasolina con plomo. No se trata de si son seguros sino de si podemos ocultar y tapar los muertos. Aun hoy en día existen vacunas con Timerosal y nada garantiza que exista un uso no declarado o que se vuelva a emplear en vacunas nuevas.


El Glutamato Monosódico es un aditivo alimentario no seguro en pediatría. Por eso los alimentos infantiles no utilizan este aditivo. En las vacunas, el aditivo no se ingiere sino que se inyecta directamente en el torrente sanguíneo. Decir que el agua sea sana, no significa que podamos respirar agua, ni que el zumo de zanahoria se pueda inyectar en vena. Los biólogos y químicos tienen una especie de pensamiento mágico alternativo muy curioso. Claro, no son sanitarios y no han visto los efectos de sus experimentos cuando se usan en personas de verdad.


Es un bactericida. Recordando cómo reaccionó la prensa y los "científicos" cuando Trump habló de inyectar otras soluciones para combatir el coronavirus, uno piensa que los científicos solo respetan los bactericidas de sus amigos -los que pagan los lujos extra de los médicos- y no cualquier otro. A pesar de que aumente el tiempo de validez del fármaco, lo cual no es una razón medica, ni sanitaria, ni de seguridad, no hay estudios de seguridad y sí de toxicidad, por lo que no se puede emplear en embarazadas -sorpresa- y tiene efectos tóxicos conocidos -oh sorpresa de nuevo-.


El polisorbato es un surfactante utilizado para reducir la tensión superficial de los líquidos y penetrar más fácilmente a través de membranas. El polisorbato es un tóxico conocido en su manejo habitual -externo- pero no existen pruebas de seguridad en su uso inyectado. No es un "emulsionante" sino un surfactante, pero es normal que se empleen eufemismos y un lenguaje infantil para engañar.


Y a todo esto hay que añadir que MALDITA en ánimo de engañar no solo falsea la realidad sino que oculta otros aditivos y adyuvantes peligrosos que existen en las vacunas como el escualeno y otros.

Sea como fuere la producción de vacunas está desbocada y el consumidor final no tiene ningún control sobre lo que le administran, su seguridad o su necesidad médica.

La cuestión no es tanto si lo que se emplea es seguro o en qué medida es seguro, sino de quién asume el riesgo y quién compensa los daños.

Si lo que se pretende es que los padres acepten el riesgo ciegamente y que "se coman el marrón" cuando se encuentran que su hijo que nació bien queda destrozado de por vida, la respuesta no puede ser más evidente:

  • Con los niños no se juega ni se hacen experimentos de "salud pública".

  • Con los niños no se hace negocio.

  • Insultando y llamando "antivacunas" a los padres no se cura ni el autismo, ni el cáncer infantil, ni las enfermedades raras, ni las enfermedades neurológicas, ni nada.

  • Insultando y llamando antivacunas a los padres, no se reparan los graves daños causados por las vacunas en más de 700 niños españoles cada año.


Las vacunas no son seguras ni eficaces -no hay estudios que lo demuestren- y una vez más, bravo Maldita por mostrar que de lo que publicáis, no hay que creerse nada.

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Captura de pantalla 2020-04-15 a las 16.
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