La Doctrina Social de la Iglesia, no es "comunismo"
- Luis de Miguel Ortega

- hace 7 horas
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Desde esta trinchera de un "moro judío que vive en un país cristiano", sorprende que de una manera constante e insidiosa, creyentes y no creyentes, practicantes y no practicantes realicen manifestaciones mas o menos intensas contra la iglesia y los Papas, en relación a sus posturas "comunistas".
No es nada nuevo. Y todo ello no solo por posturas ideológicas o morales de la iglesia y no a veces por la mera similitud del término "Doctrina Social" con socialismo. Resulta curioso y un poco desmoralizador que la guerra contra las religiones y contra quienes las administran, venga desde dentro de las mismas confesiones, y ante esta circunstancia, creo que conviene repasar términos para evitar que con el cristianismo tengamos que soportar la degeneración que ha ocurrido en otras confesiones.
1) Época de la emancipación del hombre.

El nacimiento de los Estados-nación comenzó con la centralización del poder monárquico tras la crisis del feudalismo (siglos XV y XVI). Se consolidó como modelo político moderno tras la Paz de Westfalia en 1648 y alcanzó su madurez ideológica con la Revolución Francesa en 1789. En esta época el hombre deja de ser un número y servidor y comienza a asumir una libertad individual y deja de considerarse siervo o señor. Ya no depende de un señor, un noble o un rey sino que empieza a emanciparse de todos ellos y alcanzar un nuevo estatus.
El surgimiento de esta figura clave se divide en tres fases fundamentales:
Los Estados absolutistas (siglos XV - XVII): Los reyes centralizaron el poder y delimitaron fronteras para unificar sus territorios. Esto lo lograron creando ejércitos profesionales, burocracia estatal y cobro de impuestos, respaldados por la burguesía. Un hito clave fue el Tratado de Westfalia (1648), que instauró el principio de soberanía nacional y el reconocimiento de fronteras entre estados.
La madurez ideológica (siglo XVIII - XIX): La Revolución Francesa transformó el concepto. La soberanía dejó de pertenecer al rey por derecho divino y pasó a residir en el "pueblo" o "nación". Nace entonces la idea de una comunidad unida por una misma lengua, cultura e historia.
Consolidación y unificaciones (siglo XIX): El romanticismo y el liberalismo impulsaron el nacionalismo. Esto llevó a la creación de nuevos Estados-nación mediante procesos de unificación, destacando los casos de Alemania (1871) e Italia (1870), y en España con la institucionalización del modelo liberal tras la Constitución de Cádiz de 1812.
Esta transformación social se une a cambios filosóficos promovidos por la Revolución Francesa, tales como el materialismo filosófico y el histórico.
Materialismo Filosófico: Postula que la materia es el origen de toda la realidad y que la consciencia y el pensamiento son solo consecuencias de procesos físicos. Históricamente, sus cimientos fueron consolidados por pensadores como Demócrito y, más tarde, se consolidó formalmente como corriente mecánica y moderna en los siglos XVII y XVIII.
Materialismo Histórico: Es el marco teórico desarrollado en la década de 1840 por Karl Marx y Friedrich Engels. Sostiene que los factores socioeconómicos y materiales —y no las ideas— son los motores de la historia humana, impulsando el desarrollo social a través de la producción y la lucha de clases.
Nace entonces el marxismo que se estructura como una ideológía que pretende luchar contra los abusos del poder, centrando dichos poderes en dos factores: El capital y la religión. Surgió durante la Revolución Industrial, una época de profundas transformaciones donde el crecimiento económico convivía con la pobreza y la explotación de la clase trabajadora (el proletariado) por parte de los dueños de los medios de producción (la burguesía). El marxismo se formalizó con la publicación del Manifiesto del Partido Comunista en 1848. Este texto funcionó como un llamado a la acción para los trabajadores, sentando las bases de la teoría sociológica, económica y política que luego se desarrollaría a fondo en obras cumbres como El Capital (publicado en 1867).
este sistema ideado desde el materialismo para construir un cielo en la tierra.
2) Las revoluciones y el anticlericalismo

Marx escribe además un libro breve titulado "Sobre la cuestión judía (en alemán: Zur Judenfrage) que es una reseña de 1843 de Karl Marx de dos obras de Bruno Bauer, que fue publicada en 1844. en dicha obra se zambuye en las tesis anticlesicales y antirreligiosas, que inician un movimiento dialéctico y social donde la religión, los centros de culto y los profesionales religiosos se constituyen como un enemigo a batir.
Escindico el marxismo en varias mafias (socialismo, comunismo, fascismo, nazismo, etc.) todas las revoluciones han incluido al clero como enemigo:
La Revolución Francesa (1789-1799) transformó radicalmente el estatus del clero, pasando de ser un estamento privilegiado a ser víctima de una persecución sistemática. Esta etapa incluyó la confiscación de bienes eclesiásticos, la Constitución Civil del Clero y el periodo del Terror, donde miles de sacerdotes fueron exiliados o ejecutados. Se estima que cerca del 6,5 % de las víctimas del periodo del "Terror" pertenecían al clero. Fue el episodio más mortífero. La brutal represión anticatólica y antimonárquica contra los rebeldes de la región de La Vendée dejó entre 100.000 y 200.000 muertos, donde miles de sacerdotes, monjas y fieles católicos fueron fusilados (como los 99 beatos de Angers) o ahogados por negarse a someterse a las directrices revolucionarias. Ante la persecución, casi un tercio del clero francés (alrededor de 40.000 sacerdotes) se vio forzado a huir al extranjero.
La Guerra de Independencia de México (1810-1821) y los ataques a miembros del clero representan un capítulo clave en la historia mexicana. Lejos de ser víctimas, los sacerdotes fueron líderes fundamentales de la insurgencia, lo que provocó que las autoridades virreinales les aplicaran severas penas. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, emanada de la Revolución mexicana, incorporó una serie de disposiciones laicas, heredadas de las Leyes de Reforma y del liberalismo del siglo XIX. Entre los artículos más relevantes se encontraban el artículo 3°, que establecía la educación laica y prohibía que las iglesias establecieran escuelas de nivel primaria. La guerra Cristera, también llamada guerra de los Cristeros o Cristiada, fue una guerra civil en México que se prolongó durante tres años, desde el 3 de agosto de 1926 al 21 de junio de 1929, entre el Gobierno y milicias de religiosos católicos que se resistían a la aplicación de la llamada Ley Calles, la cual aseguraba la implementación de la separación Iglesia-Estado o laicidad. El culto católico fue directamente afectado, al ser la religión mayoritaria en el país. Este conflicto armado fue la penúltima guerra que tuvo México en su territorio. Entre 1934 a 1938 se produjo un reavivamiento del conflicto, llamado Segunda Guerra Cristera o la Segunda. Es importante destacar que la gran mayoría de los religiosos asesinados (50-300) no participaron en combate directo, sino que fueron víctimas de la persecución y fusilamientos por continuar con sus labores pastorales (como oficiar misas) a pesar de la "Ley Calles". Además de los religiosos, se estima que el conflicto en general dejó más de 250.000 muertos entre combatientes cristeros, soldados federales y población civil.
Rusia - Unión Soviética (1917-1930) El conflicto entre el comunismo soviético y la religión se basó en la visión marxista de la religión como el "opio del pueblo". Tras la Revolución Bolchevique (1917), el Estado instauró una feroz política de ateísmo de Estado. La Iglesia Ortodoxa Rusa fue perseguida, sus bienes confiscados, miles de templos destruidos y millones de religiosos ejecutados o encarcelados. Se estima que unos 200.000 religiosos (sacerdotes, monjes y monjas) fueron asesinados en la Unión Soviética entre 1917 y 1985. Solo durante el periodo más álgido de la Revolución (1917-1921), al menos 28 obispos y cerca de 2.000 sacerdotes ortodoxos fueron ejecutados.
Italia bajo gobierno fascista. El conflicto entre el fascismo y la Iglesia católica fue una tensa lucha por el control ideológico y social. A pesar de compartir un rechazo al comunismo, chocaron por la pretensión totalitaria fascista de monopolizar la educación y las juventudes. No hubo una guerra abierta, sino una represión selectiva que costó la vida a miles de religiosos, sobre todo en la Polonia ocupada. Mussolini vio a la Iglesia como un rival en el adoctrinamiento juvenil. Aunque firmó los Pactos de Letrán, clausuró organizaciones juveniles católicas en 1931 y provocó la muerte violenta de varios sacerdotes disidentes y activistas católicos antifascistas.
Alemania nazi: El clero católico fue uno de los principales objetivos de la represión en los territorios ocupados. En Polonia, los nazis asesinaron a unos 3.000 sacerdotes y religiosos (cerca del 20% del clero del país) y enviaron a miles a campos de concentración como el de Dachau, donde cientos fallecieron debido a los trabajos forzados, las enfermedades y los experimentos médicos.
España (Guerra Civil): La Iglesia sufrió una dura persecución por parte de las milicias republicanas de izquierda, contabilizándose casi 7.000 religiosos asesinados (entre sacerdotes, monjes y obispos). Sin embargo, esta masacre ocurrió en el bando republicano, mientras que la Iglesia apoyó el bando sublevado de corte fascista/nacionalcatólico.
El pensamiento materialista que nos trae la Revolución Francesa y más tarde Marx, deja bien claro al clero el grave riesgo que corre la iglesia y la sociedad. La Iglesia en cuanto tiende a desaparecer de la sociedad. Y la sociedad a quien se le impone el pensamiento materialista y se le priva de la cultura espiritual.
3) La transformación del pensamiento católico ante los cambios sociales.

La Iglesia, advertida de los peligros de las nuevas enseñanzas sociales que se cernían, trató de explicar su posición que, como no, tuvo la respuesta violenta de las ordas políticas de uno y otro lado (hasta la actualidad). Vamos a describir las cartas pastrorales y encíclicas que se publicaron, antes de entrar en la deficición de la Doctrina Social de la Iglesia.
Quanta cura (1864) - Papa Pío IX:

Es una célebre encíclica promulgada por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1864. Su objetivo principal fue condenar los "errores modernos" del siglo XIX, como el liberalismo, el socialismo, el racionalismo y la separación entre la Iglesia y el Estado. Se publicó junto con el Syllabus Errorum, un apéndice histórico que constaba de 80 proposiciones que enumeraban y censuraban las corrientes filosóficas y políticas consideradas peligrosas para la fe católica.
§ I. Panteísmo, naturalismo y racionalismo absoluto.
§ II Racionalismo moderado.
§ III. Indiferentismo, latitudinarismo.
§ IV. Socialismo, comunismo, sociedades clandestinas, sociedades bíblicas, sociedades clerical-liberales
§ V. Errores sobre la Iglesia y sus derechos.
§ VI. Errores relativos a la sociedad civil, tanto en sí misma como en sus relaciones con la Iglesia.
§ VII. Errores sobre la ética natural y cristiana.
§ VIII. Errores sobre el matrimonio cristiano.
§ IX. Errores relativos al principado civil del Romano Pontífice.
§ X. Errores relacionados con el liberalismo contemporáneo.
Así pués, la Iglesia se muestra contraria al liberalismo y al marxismo, lo que le valdrá no pocos ataques.
Rerum Novarum (1891) - León XIII:

Es la "madre de todas las encíclicas sociales". Enfocada en la condición obrera, defendió la propiedad privada, el salario justo y el derecho a la sindicación frente a los abusos del capitalismo y el comunismo.
Despertado el prurito revolucionario que desde hace ya tiempo agita a los pueblos, era de esperar que el afán de cambiarlo todo llegara un día a derramarse desde el campo de la política al terreno, con él colindante, de la economía. En efecto, los adelantos de la industria y de las artes, que caminan por nuevos derroteros; el cambio operado en las relaciones mutuas entre patronos y obreros; la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría; la mayor confianza de los obreros en sí mismos y la más estrecha cohesión entre ellos, juntamente con la relajación de la moral, han determinado el planteamiento de la contienda.
...
Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podría curar el mal presente.
...
El asunto es difícil de tratar y no exento de peligros. Es difícil realmente determinar los derechos y deberes dentro de los cuales hayan de mantenerse los ricos y los proletarios, los que aportan el capital y los que ponen el trabajo. Es discusión peligrosa, porque de ella se sirven con frecuencia hombres turbulentos y astutos para torcer el juicio de la verdad y para incitar sediciosamente a las turbas.
...
Es mal capital, en la cuestión que estamos tratando, suponer que una clase social sea espontáneamente enemiga de la otra, como si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse mutuamente en un perpetuo duelo. Es esto tan ajeno a la razón y a la verdad, que, por el contrario, es lo más cierto que como en el cuerpo se ensamblan entre sí miembros diversos, de donde surge aquella proporcionada disposición que justamente podríase llamar armonía, así ha dispuesto la naturaleza que, en la sociedad humana, dichas clases gemelas concuerden armónicamente y se ajusten para lograr el equilibrio. Ambas se necesitan en absoluto: ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital. El acuerdo engendra la belleza y el orden de las cosas; por el contrario, de la persistencia de la lucha tiene que derivarse necesariamente la confusión juntamente con un bárbaro salvajismo.
...
Vistas las citas y en el contexto de la obra al completo, se trata de una comunicación pastoral que clama por el entendimiento y contra los abusos y especialmente con la creencia de que la humanidad se confecciona en clases sociales que deben estar en lucha. Defendía el derecho de los trabajadores y combatía el socialismo y el estado absolutista.
Quadragesimo Anno (1931) - Pío XI:

En su 40 aniversario, actualizó la Rerum Novarum, criticando duramente tanto el comunismo totalitario como el capitalismo liberal desenfrenado, y acuñando el principio de "subsidiariedad".
El principio de subsidiariedad establece que los asuntos deben ser resueltos por la autoridad o nivel más cercano posible al ciudadano. El Estado u órgano superior solo debe intervenir (de forma supletoria) cuando los niveles inferiores (individuos, familias, empresas o gobiernos locales) no puedan alcanzar los objetivos por sí mismos. El principio de subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) establece que una entidad superior no debe interferir en la vida interna de una comunidad inferior, privándola de sus competencias. El Estado y las instituciones mayores solo deben intervenir con un carácter auxiliar ("subsidium").
Características Claves son:
Autonomía y dignidad: Defiende que las personas, familias y asociaciones locales tienen la capacidad y el derecho de ser protagonistas de su propio desarrollo.
Límite al Estado: Protege a la sociedad civil de un poder público absorbente, garantizando que el Estado no asuma tareas que los ciudadanos pueden realizar con igual o mayor eficacia.
Doble dimensión:
Negativa: Abstención de injerencias innecesarias por parte de autoridades superiores.
Positiva: Deber de socorrer y promover a los más vulnerables o a las entidades menores cuando carecen de los medios para lograr el bien común.
Non abbiamo bisogno (29 de junio de 1931) - Pío XI:
"Non abbiamo bisogno...", en español "No tenemos necesidad...", del 29 de junio de 1931, es la 19.ª encíclica del papa Pío XI, escrita y publicada en el Acta Apostolicae Sedis en italiano, en la que reacciona ante las medidas tomadas por el Fascismo italiano sobre la Acción Católica. La encíclica condenaba "una ideología que explícitamente se resuelve en una verdadera estadolatría pagana" y que "inculca a sus fuerzas jóvenes el odio, las violencias, las irreverencias". El ataque declarado a la Acción Católica se intensificó «en la primavera de 1931 cuando, aludiendo a supuestas actividades políticas de Acción Católica, fue objeto de una campaña de desprestigio organizada por la prensa fascista, que culminó con la disolución de 15.000 asociaciones juveniles (30 de mayo de 1931)».[
Mit Brennender Sorge (1937) - Pío XI: Escrita en alemán y leída clandestinamente en las parroquias, fue una fuerte condena al nazismo, su ideología racista y la violación del concordato con el Vaticano. Con viva preocupación y con asombro creciente venimos observando, hace ya largo tiempo, la vía dolorosa de la Iglesia y la opresión progresivamente agudizada contra los fieles, de uno u otro sexo, que le han permanecido devotos en el espíritu y en las obras; y todo esto en aquella nación y en medio de aquel pueblo al que San Bonifacio llevó un día el luminoso mensaje, la buena nueva de Cristo y del reino de Dios.
En la encíclica, el papa advirtió, dos años antes de la Segunda Guerra Mundial: «Todo el que tome la raza, o el pueblo, o el Estado, o una forma determinada del Estado, o los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana [...] y los divinice con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios», en una clara señal de crítica hacia los aspectos pseudorreligiosos y las teorías raciales del nazismo.
Pacem in terris (1963) - Juan XXIII:

La Pacem in Terris (1963), promulgada por el Papa Juan XXIII en plena Guerra Fría, es un hito de la Doctrina Social de la Iglesia. Es el primer documento pontificio dirigido no solo a los católicos, sino a "todos los hombres de buena voluntad", estableciendo que la paz mundial es inseparable del respeto a la dignidad humana y a los derechos fundamentales. La paz verdadera se define no solo como la ausencia de guerra, sino como un orden basado en cuatro principios:
Verdad: Fundamento de las relaciones humanas.
Justicia: Regla que exige el respeto de los derechos y deberes mutuos.
Amor: Motor que impulsa la solidaridad y el bien común.
Libertad: Atmósfera esencial para el desarrollo de la persona.
La encíclica presenta un catálogo detallado de los derechos humanos, subrayando que todo derecho tiene un deber correlativo (por ejemplo, el derecho a la vida exige el deber de conservarla). Los derechos se dividen en categorías clave:
Derechos civiles y políticos: Derecho a la vida, a la integridad personal, a la libre búsqueda de la verdad, a la libertad de expresión y de culto.
Derechos económicos y sociales: Derecho al trabajo en condiciones dignas, a un salario justo y a la propiedad privada (con una función social intrínseca).
Derechos culturales y educativos: Derecho a la educación y a participar en la vida cultural.
Derechos participativos: Derecho a la libre asociación, a la reunión y a emigrar o inmigrar justificadamente.
Populorum Progressio (1967) - Pablo VI:

Trató sobre el desarrollo de los pueblos, definiendo el desarrollo integral como el nuevo nombre de la paz y abogando por la justicia social internacional.
Encíclica dirigida a consagrados, laicos y personas de buena voluntad.
Consta de un preámbulo [1-5] y dos partes:
Por un desarrollo integral del hombre [6 - 42]
El desarrollo solidario de la humanidad [43 - 87]
La encíclica está dedicada a la cooperación entre los pueblos y al problema de los países en vías de desarrollo. El papa denuncia que el desequilibrio entre países ricos y pobres se va agravando, critica al neocolonialismo y afirma el derecho de todos los pueblos al bienestar. Además presenta una crítica al capitalismo y al colectivismo marxista. Finalmente propone la creación de un fondo mundial para ayudar a los países en vías de desarrollo.
Centesimus Annus (1991) - Juan Pablo II:

Conmemorando el centenario de la Rerum Novarum, analizó la caída del comunismo en Europa oriental y reafirmó la economía de mercado orientada al bien común. Centesimus annus (en español: Centenario) es una encíclica promulgada por el papa San Juan Pablo II el 1 de mayo de 1991, con ocasión del centenario de la encíclica Rerum Novarum.
Está dirigida a los obispos, al clero, a las familias religiosas, a los fieles de la Iglesia católica y a todos los hombres de buena voluntad.
"Caritas in veritate" (La caridad en la verdad) (2009).

La única encíclica social de Benedicto XVI es "Caritas in veritate".
Aborda el desarrollo humano integral, argumentando que el progreso económico, la justicia y la globalización deben estar siempre guiados por el amor (la caridad) y la ética (la verdad).Los temas centrales de esta encíclica incluyen:
Economía y Ética: Propone una economía al servicio del bien común y de la dignidad humana, denunciando que las crisis económicas globales requieren cambios profundos de mentalidad.
Desarrollo Integral: El verdadero desarrollo no solo depende del crecimiento técnico o material, sino que debe abarcar todas las dimensiones del ser humano.
Ecología y Medio Ambiente: Subraya la necesidad de proteger la naturaleza, entendiendo que el respeto a la creación está intrínsecamente ligado al respeto por la vida humana.
Globalización y Justicia: Pide una mayor solidaridad entre los pueblos y una reforma de las instituciones internacionales para reducir la desigualdad.
"Fratelli tutti" (Hermanos todos) (2020) Francisco

La principal encíclica social del Papa Francisco es "Fratelli tutti" (Hermanos todos), publicada el 3 de octubre de 2020.
Este documento aborda la fraternidad y la amistad social, proponiendo un modelo de mundo abierto sin muros.Además de esta, otra de sus cartas magnas fundamentales sobre la sociedad y el medio ambiente es "Laudato si'" (2015), centrada en la ecología integral y el cuidado de la casa común. Más recientemente, en octubre de 2024, publicó "Dilexit nos", una encíclica sobre el amor humano y divino del Sagrado Corazón de Jesús, que también invita a sanar las relaciones en un mundo individualista.
Temas clave de "Fratelli tutti" (Encíclica sobre la Fraternidad Social):
Denuncia del individualismo y el descarte: Critica la cultura que margina a los más vulnerables y las falsas promesas de un mundo hiperconectado pero fragmentado.
La parábola del Buen Samaritano: Se utiliza como modelo para elegir entre ser quienes pasan de largo ante el sufrimiento ajeno o quienes se detienen a construir comunidad.
Diálogo y amistad social: Promueve la cultura del encuentro, el consenso, el perdón y la necesidad de restaurar la dignidad humana por encima de los intereses particulares.
Rechazo a la guerra y la pena de muerte: El Papa declara la guerra como un "fracaso de la política y de la humanidad" y aboga por la abolición total de la pena capital.

La encíclica más reciente del Papa León XIV es "Magnifica Humanitas", publicada el 25 de mayo de 2026. Es el primer documento de este tipo de su pontificado y aborda la custodia de la persona humana frente a los desafíos éticos y sociales de la inteligencia artificial.
Los ejes principales de esta carta son:
Ética tecnológica: Advierte sobre el "paradigma tecnocrático" y exige que la inteligencia artificial se mantenga al servicio del bien común en lugar de ser un instrumento de dominación, exclusión o control.
Justicia y trabajo: Relaciona el impacto de la revolución digital con la preservación del empleo digno y la necesidad de evitar monopolios de datos.
Paz y desarme: Alerta sobre el uso de la inteligencia artificial en sistemas de armas y aboga por un desarme tecnológico que fortalezca la construcción de la paz.
El documento conmemora el 135º aniversario de la histórica encíclica Rerum novarum de León XIII (1891).
Las encíclicas han ido en paralelo a los cambios históricos anticipándose a las reformas necesarias para mantener una estructura moral de convivencia.
Todos los Papas han recibido críticas más o menos ácidas y ásperas por lo que han dicho, pero sobretodo por lo que nunca dijeron.
Los papas, en ningún caso han colaborado, consentido o callado frente a los abusos del capitalismo, el nacionalismoa, el marsismo de derechas o el marxismo de izquierdas y de hecho, sufrieron miles de víctimas. Como en la actualidad, o faltaron nunca las críticas de
conservadores y nacionalistas, que acusan a la iglesia de dar cobertura al comunismo y romper las fronteras.
el capitalismo, que acusa a la iglesia de un exceso de celo en el cuidado de los pobres y los derechos sociales
ni de los comunistas internacionalistas, que acusan a la iglesia de entrometerse en las funciones del estado.
ni de la socialdemocracia que en todo caso han elegido el camino de un laicismo militante cuyo objetivo es tener al clero controlado.
Como en la actualidad, las acusaciones vienen de lejos y por mucho que intentemos identificar esta lucha como algo exclusivo del cristianismo, lo cierto es que todas las confesiones pasan por el mismo ataque.
Los musulmanes son tratados como racistas, violentos e invasores.
Los judíos son tratados como ultranacionalistas, anclados en rituales satánicos y de odio y conspitadores económicos.
Sea como sea, el acoso a las distintas confesiones es evidente, simplona, generalizadora e intelectualmente torpe, más propio de gente con taras mentales que de activistas políticos.
Además, el acoso hacia las confesiones religiosas, ha seguido siempre el mismo esquema de acoso y sustitución. Por una parte se trata de debilitar social y económicamente a las confesiones y por otra parte fomentar corrientes de sustitución con menor o mayor suerte Hay que recordar que en España hay movimientos de socialistas católicos ((Grupo Federal de Cristianos Socialistas PSOE) (Cristianos por el Socialismo (CPS)), como en Israel han surgido movimientos de "judaísmo sionista", siempre en ánimo de blanquear determinadas opciones políticas y facilitar su seguimiento y que recuerda a los movimientos "nacional católicos" de la postguerra. Ni qué decir tiene que en el Islam, no faltan movimientos de reforma y sustitución (más papistas que el papa...) que nutren movimientos terroristas de sunnies, chíies y de las monarquías árabes y dan cobertura a partidos nacionalistas y marxistas.
4) La doctrina social de la Iglesia

El Estado moderno, la socialdemocracia o el marxismo de derechas e izquierdas, no parece que puedan soportar la compañía de quienes desde la religión ensombrecen su agenda para construir una "moral política", "científica" u "objetiva" para mejor control de la población con la que podrían convencer a la población de cualquier locura:
Que no nacer es algo bueno.
Que ayudar a morir rápido es loable.
Que hay seres humanos con menor categoría por su raza o su ideología
Que la propiedad privada es ilícita.
Que es sexo es una cuestión política
Que la familia debe estar dentro del control de la legalidad civil
Que el Estado debe estar por encima de todo (el estatismo es la religión deseada)
Que los animales tienen los mismos derechos que los humanos y que por ende, los humanos, son una clase de animales
Que la ciencia lo puede conocer todo y que todo debe estar controlado por la ciencia, y la ciencia controlada por el Estado.
Que la sociedad perfecta por la plena sumisión del ser humano, y el Estado como dueño y señor, es el legítimo propietario de los bienes naturales y los frutos del trabajo de los hombres
Que los ciudadanos deben disfrutar de los servicios públicos y que no debe haber alternativa a los servicios públicos.
etc.
Frente a algo parecido a lo anterior, la Iglesia plantea desde finales del siglo XIX, la Doctrina Social de la Iglesia.
Nació de manera formal con la encíclica Rerum novarum (1891) del Papa León XIII, como respuesta a los desafíos laborales, la explotación y la pobreza generados por la Revolución Industrial.
4 Principios Fundamentales

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia establece cuatro pilares permanentes sobre los que se construye esta enseñanza:
Dignidad de la persona humana: El valor sagrado de cada individuo, independientemente de su condición social, origen o capacidades. El principio de la dignidad de la persona humana es el pilar central y fundamento de toda la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Sostiene que cada ser humano posee un valor intrínseco e inalienable desde su concepción hasta su muerte natural, independientemente de cualquier condición social, económica o cultural.
Origen Trascendente: La dignidad se basa en que toda persona es creada a imagen y semejanza de Dios (Imago Dei) y redimida por Jesucristo.
Valor Incalculable: La persona humana es siempre un fin en sí misma y nunca debe ser utilizada como un simple medio o instrumento, rechazando cualquier forma de esclavitud, explotación o manipulación.
Igualdad Fundamental: Todos los seres humanos tienen la misma naturaleza y los mismos derechos fundamentales, lo que fomenta la fraternidad y exige erradicar todo tipo de discriminación.
Derechos y Deberes: De esta dignidad intrínseca derivan directamente los Derechos Humanos universales. Su pleno ejercicio conlleva la responsabilidad de respetar la dignidad de los demás y promover el respeto mutuo.
El bien común: El conjunto de condiciones sociales que permiten a todos los ciudadanos el desarrollo pleno y libre de sus propias vidas. El bien común en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es el conjunto de condiciones de la vida social que permiten a las personas y grupos alcanzar su propia perfección y plenitud de forma más completa y rápida. No es la suma de bienes individuales, sino el bien de todos y cada uno, inseparablemente.
Respeto a la dignidad: Exige el respeto a los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana.
Bienestar y acceso: Implica el acceso a los bienes materiales, culturales y espirituales necesarios para una vida digna (alimentación, trabajo, educación, salud).
Paz y seguridad: Requiere la estabilidad y el orden justo que garanticen la convivencia pacífica y el desarrollo integral.
Universalidad: Abarca a todos los hombres y a todo el hombre (en su dimensión material y trascendente). Nadie debe quedar excluido.
Prioridad de los más vulnerables: La búsqueda del bien común exige una atención preferencial hacia los más débiles y marginados de la sociedad.
Dimensión moral: El actuar social alcanza su plenitud al promover el bien común, convirtiéndose en la dimensión comunitaria del bien moral.
Vinculado a otros principios: Se apoya en la solidaridad y la subsidiariedad para organizar la sociedad de manera justa.
La subsidiariedad: Postula que los problemas sociales deben ser resueltos por la instancia más cercana y local posible (como la familia o el municipio), interviniendo el Estado solo cuando sea estrictamente necesario. El principio de subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia establece que una autoridad superior (como el Estado) solo debe intervenir para ayudar a los niveles inferiores (individuos, familias, asociaciones locales) cuando estos no pueden valerse por sí mismos o resolver sus necesidades por cuenta propia.
Autonomía y protagonismo: Se defiende que los individuos y las comunidades locales son los primeros responsables de su propio desarrollo.
Límite al poder: Impide que el Estado absorba o sustituya injustamente las funciones de las "sociedades intermedias" (familias, escuelas, sindicatos, asociaciones).
Intervención auxiliar: La ayuda de las instituciones superiores debe ser temporal y orientada a devolverles su capacidad de autogestión.
La solidaridad: El sentido de responsabilidad compartida entre todos los seres humanos que impulsa a superar el individualismo y buscar el bienestar de los más desfavorecidos. En la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la solidaridad es un principio fundamental y una virtud moral. No es un mero sentimiento de compasión, sino la "determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común". Nos reconoce a todos como miembros de una misma familia humana, responsables unos de otros.
No es filantropía: Va más allá de la caridad asistencial; busca transformar las estructuras injustas para que cada persona pueda desarrollarse plenamente.
Interdependencia global: Reconoce que el destino de todos los individuos y naciones está ligado. Si una parte del mundo sufre, afecta al todo.
Virtud y principio social: Es tanto una actitud personal como un criterio rector para organizar la sociedad, la economía y la política.
Compensación social: La DSI plantea que cada persona tiene una "deuda" con la sociedad por los bienes, cultura y conocimientos recibidos. Esta deuda se salda contribuyendo al bien común para las generaciones presentes y futuras.
La Doctrina Social de la Iglesia supone un cuerpo doctrinal de primer nivel como en su día fueron las Leyes de Burgos o las Leyes de Indias, un faro y una brújula moral que advierte a todos los hombres del verdadero peligro de la humanidad: el estatismo, el materialismo y el relativismo moral.
Frente a la Izquierda y la derecha (que tanto se parecen, hay muy pocas alternativas y liderazgos claros. Creo que en vez de dejarnos arrastrar por las reclamaciones bobaliconas y la manipulación política, convendría que leyésemos con calma lo que escriben los Papas.



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