Pamela Cisneros
- Luis de Miguel Ortega

- hace 1 hora
- 11 min de lectura

Pamela Cisneros tenía 49 años. Esta inmigrante ecuatoriana, graduada en psicología y madre de tres hijos, residente de Queens y ex empleada de un abogado de inmigración.
Pamela vio cómo su vida cambiaba hace 12 años tras una grave depresión posparto, que posteriormente condujo a un diagnóstico de trastorno bipolar.
No es el primer caso en el que una condición biológica como es una recuperación postparto, lleva a un diagnóstico mental. Quizás sea el camino más habitual porque es el camino más cómodo en el que el sanitario no necesita hacerse demasiadas preguntas. Se pone una etiqueta y se comienza un tratamiento con pastillas.
La depresión postparto no es una entidad nosológica propia e independiente, sino que el término postparto, solamente indica el momento de aparición.
La depresión posparto se diagnostica en el manual DSM-5-TR como un Trastorno Depresivo Mayor que incluye la especificación de "inicio en el posparto".
No es una categoría diagnóstica independiente, sino un especificador que se añade al diagnóstico de un episodio de depresión mayor.
Se aplica si el inicio de los síntomas depresivos ocurre durante el embarazo o en las 4 semanas siguientes al parto (aunque en la práctica clínica y la literatura médica a menudo se extiende el reconocimiento hasta el primer año).
Presencia de cinco o más síntomas durante un período de 2 semanas, que deben incluir estado de ánimo deprimido la mayor parte del día o pérdida notable de interés o placer en todas o casi todas las actividades.
Los Signos de Alerta Comunes son:
Tristeza persistente, llanto frecuente o vacío emocional.
Dificultad grave para crear un vínculo afectivo con el recién nacido.
Ansiedad extrema, irritabilidad o cambios drásticos de humor.
Sentimientos intensos de culpa, inutilidad o incapacidad como madre.
Pensamientos intrusivos de hacer daño al bebé o a una misma, que hacen aumentar el sufrimiento.
En este contexto de dificultades maternales, la ansiedad, la tristeza, la saturación se toma como una enfermedad mental, como si hacerse cargo de la vida de un bebé no fuese un estresante suficientemente comprensible que ha de atenderse desde la problemática social y moral y no desde la patologización.
El despropósito comienza aqui: Creer que cualquier estado mental de sufrimiento, es una enfermedad mental que se puede curar con drogas.
Recuerdo el caso de un hombre ingresado en psiquiatría en el Hospital de Burgos y la conversación con el psiquiatra en la consulta. había intentado suicidarse (historia real)...
Psq: ¿qué tal se encuentra hoy? ¿hoy no tiene tantas ganas de suicidarse?
P: Estoy un poco más tranquilo.
Psq: ¿Entiende que estaba equivocado? ¿Por qué intentó suicidarse?
P: Mi mujer me ha dicho que se va de casa con los niños y me deja. Que no quiere vivir conmigo. Me han echado del trabajo y lo llevo muy mal.
Psq: Bueno, pero no tiene que dramatizar tanto. No pasa nada. Puede encontrar otro trabajo.
P: Es que soy ayudante de encofrador y no sé hacer otra cosa.
Psq: Puede buscar trabajo en otras obras...
P: Es que con la crisis de la construcción (era 2009), donde vivo, no hay casi obras en marcha.
Psq: Pero puede intentar en otra ciudad que esté cerca...
P: Es que no tengo como desplazarme para trabajar en otra ciudad. Vivo en un pueblo y allí no hay trabajo cerca.
Psq: Bueno, ahora con el despido, la indemnización y unos pocos ahorros, puede comprase un coche.
P: No me han dado mucho pero es que no tengo carnet de conducir.
Psq: Bueno, pues este es el momento estupendo para sacarse el carnet, ¿no?
P: El problema es que no sé leer ni escribir. Cuando miro una revista, solo me fijo en las fotos. Hago como que sé leer y no digo nada por vergüenza...
Psq: Bueno, pero ahora con el tiempo libre, puede aprender a leer y escribir. Sus hijos pueden enseñarle ¿no?
P: Pero ya le he dicho que mi mujer se marcha con los niños y me dejan solo...
Psq: ¿No cree que está exagerando mucho?
P: ... será eso...
Este es uno de los muchos casos que podríamos contar. No voy a insistir.
¿En qué momento un obrero despedido o una mujer que ha parido (o alguién que ha sido estafado, arruinado o padece una enfermedad grave), se convierten en "enfermos" de la "mente"?
¿Por qué el malestar y el sufrimiento se consideran una enfermedad mental, cuando es una situación normal?
¿En qué cambia la vida de una persona, cuando para salir de la tristeza, no solo no analiza su vida y aprende de ella, sino que se entrega al alcohol, las drogas o la medicación psiquiátrica?
Efectos paradójicos de los antidepresivos.
Según la "teoría científica" de la psiquiatría, cada estado de ánimo alterado, se corresponde con una carencia concreta de neurotransmisores. Los psiquiatras como aprendices de brujos, recetan determinadas pastillas que "ajustan" dichos neurotransmisores.
Nunca se ha demostrado esa teoría y aparenta ser falsa con el único interés de convencer de que la psiquiatría como rama de la medicina, tiene sentido. Si falta serotonina, sería tan fácil como aportar serotonina y tachán: curado. Pero esto no sucede nunca.
Sea como fuere, la medicación es como apagar el fuego con más fuego: peligroso. Muy peligroso, pues si bien es cierto que la teoría del desequilibrio químico del cerebro no parece cierta, si que esconde una verdad absoluta: Cualquier sustancia que altere la química normal del cerebro, causará síntomas psiquiátricos.
Y así pasa con los antidepresivos: terminarán pasando factura por ese juego de aprendiz de brujo que hace creer a los psiquiatras que una pastilla por aquí y otra por alla, y la alegria de vivir vuelve al cerebro, aunque no tengas herramientas para cuidar a un nuevo hijo, no tengas trabajo o encuentres a tu marido con otra en la cama.
Con esta argumentación, comienzan los tratamientos psiquiátricos, así de terrible. Son los camellos con bata que te prometen falsamente felicidad y una nueva vida gracias a unas drogas legales o unas descargas eléctricas en el cerebro. Si hay algo que se pueda llamar pseudociencia en la medicina, esa es la psiquiatría.
Como hemos dejado sentado, es evidente que cualquier droga que altere la química cerebral, dificilmente va a curar nada y va a causar síntomas psiquiátricos. Es como el aprendiz de relojero que cree que añadiendo dientes a los engranajes, el reloj se arreglará... Siempre será al contrario.
Un efecto secundario, es una reacción no deseada o molesta que aparece en el cuerpo al tomar medicamentos. Estos síntomas ocurren con la dosis normal del fármaco y son efectos conocidos y más o menos esperados, como la sequedad de boca o la somnolencia.
Efectos secundarios comunes con los antidepresivos son:
Molestias digestivas: Náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento, que suelen aparecer al inicio del tratamiento.
Alteraciones del sueño: Insomnio o fatiga y somnolencia excesiva durante el día.
Cambios en el peso y apetito: Aumento de peso o pérdida de apetito.
Problemas sexuales: Disminución del deseo sexual, dificultad para llegar al orgasmo o disfunción eréctil.
Efectos neurológicos: Mareos, dolores de cabeza y sensación de nerviosismo o ansiedad inicial.
Sequedad en la boca: Sensación constante de sequedad o sed.
Digo yo, que cuando alguien se encuentra deprimido, ninguno de estos efectos secundarios mejora la situación...
Un efecto o reacción paradójica a la medicación psiquiátrica es una respuesta en la que el fármaco produce un resultado inesperado totalmente distinto u opuesto al que se busca o se espera de manera habitual.
Manifestaciones clínicas comunes
Aumento de la ansiedad: Sensación de nerviosismo profundo, taquicardia o inquietud física inusual.
Ideación suicida: Aparición o incremento de pensamientos autolesivos, con mayor incidencia en menores de 25 años durante el primer mes y medio.
Apatía o embotamiento emocional: Pérdida total de la capacidad de sentir emociones, tanto positivas como negativas.
Conductas agresivas: Irritabilidad extrema o impulsividad no habitual en el paciente.
Tampoco parece que los efectos paradójicos puedan ayudar a una persona deprimida. El riesgo parece más intenso que el beneficio, pero además hay un problema muy frecuente y muy grave.
Cuando un paciente sufre un efecto adverso, a las manifestaciones desagradables se les une la incomprensión oel descrédito del profesional que con demasiada frecuencia aumenta el diagnóstico. De simplemente deprimido, pasa a ser:
deprimido + ansioso
deprimido + hipocondríaco
deprimido + displicente o querulante
deprimido + obsesivo con la salud y los síntomas
deprimido + dependiente o infantil
deprimido + agresivo
Ante esto, la solución es fácil: añadir otro medicamento, que añade más síntomas y efectos adversos... que tampoco ayudan al paciente a hacer frente a la maternidad, el despido o los cuernos.
Lo malo es cuando a la tristeza, se le añaden los efectos secundarios de las drogas, la incomprensión del los profesionales que empiezan a ver al paciente como "el pesado que quiere milagros", "el que se aprovecha de la baja para cobrar sin trabajar", "el que se queja por todo", "el que no acepta el mejor tratamiento disponible", "el que no para de molestar y quejarse en consulta".
Pero lo pero son esos casos en los que todo falla, y además empeora, que es cuando aparecen los efectos paradójicos.
1. Ansiedad, agitación y acatisia. En lugar de aliviar la angustia, el aumento inicial de neurotransmisores (como la serotonina) puede provocar un pico de ansiedad severa, nerviosismo y ataques de pánico. Es común experimentar acatisia, una sensación interna de inquietud motora extrema que impide al paciente quedarse quieto.
En estos casos, es habitual ver como los psiquiatras en vez de reconocer el error en el tratamiento atiborran al paciente con ansiolíticos que agravan la situación, porque por algún misterio, el paciente desde el comienzo del tratamiento, ha pasado de tener depresión a tener un trastorno ansioso depresivo.
2. Empeoramiento de la depresión e ideación suicida. Especialmente en niños, adolescentes y adultos jóvenes menores de 25 años, existe un riesgo paradójico de incremento de pensamientos autodestructivos durante las primeras 8 semanas. Esto suele ocurrir por dos razones principales:
El "efecto activador": El fármaco devuelve la energía física y la capacidad de actuar antes de mejorar el estado de ánimo triste, lo que puede dar al paciente el impulso para ejecutar pensamientos autodestructivos previos.
Disforia e inestabilidad: El desequilibrio químico temporal agrava la desesperanza de forma transitoria.
En este caso, el psiquiatra lejos de reconocer a simple vista el efecto paradójico se debate entre pensar que no se trata de una depresión sino de un trastorno bipolar o pensar que se ecnuentra ante un esquizoafectivo y todo ello sin mirar ni hacer caso a ningún manual diagnóstico. Cuando alguen se quiere suicidar, ni es bipolar ni es esquizoafectivo: te has equivocado de diagnóstico, has fallado en el tratamiento y no lo quieres reconocer. Pero es fácil a simple vista. En estos casos el psiquiatra, a la medicación antidepresiva, no solo le añade un antagonista que lo aplana (ansiolítico) sino que además le añade un tranquilizante mayor (antipsicótico) para intentar contener el impulso suicida por la sumisión química.
En algunos casos, el psiquiatra intenta ser generoso añadiendo un tóxico como el litio, con todos los problemas que causa el litio a niver orgánico y mental.
3. Embotamiento emocional exagerado. Aunque se busca estabilizar las emociones, algunas personas experimentan una apatía total o indiferencia afectiva. El paciente se siente incapaz de llorar, reír o empatizar, describiendo la sensación como "estar anestesiado" o "convertido en un robot".
El paciente entonces busca emociones, algo que le haga sentir vivo y se adentra en determinados comoportamientos antisociales de tipo sexual, económico, marginal, delictivo o lesivo de sí mismo o de otros. Se siente muerto por dentro, la vida es irreal. es insoportable.
En estos casos el psiquiatra, ante esos comportamientos desajustados, si son expansivos los califica como fases maniacas de un trastorno bipolar subclínico que no se había detectado (y que curiosamente aparece con la medicación), y si no son expansivos sino que son antisociales, se empeña en añadir a la depresión el diagnóstico de "trastorno límite de la personalidad" o "trastorno antisocial de la personalidad". Y como el psiquiatra no sabe tratar problemas de personalidad PORQUE NI SON PSICÓLOGOS NI TIENEN LA MÁS MÍNIMA FORMACIÓN en la materia, añaden tranquilizantes mayores.
Eso sí, para convencer al paciente de que debe obedecer al psiquiatra en todo lo que le indique, pasará por un par de internamientos psiquiátricos, donde quedará claro que su vida ha terminado y nunca podrá recuperarse. Ante cualquier empeoramiento o recaida la acusación es inmediata: no te has tomado las pastillas ¿verdad? Así, nunca podrás salir de la depresión!
Efecto social y personal del "tratamiento"
A lo anterior se añade lo siguiente.
El paciente se convence de que su vida ha acabado. Nunca saldrá del agujero. Si le han diagnosticado y le han puesto "tratamiento" y no mejora... quizás la cosa sea grave. Probablemente tenga la culpa del empeoramiento. No complace lo suficiente al psiquiatra ni a la familia. No cumple bien el tratamiento...
El paciente ante los efectos secundarios y paradójicos, entra en desesperación y desesperanza y se pregunta ¿cuándo acabará todo esto? y, la respuesta que obtiene es "esto es para toda la vida" "tu cerebro no funciona correctamente y tendrá que tomar drogas de por vida como los diabéticos" (es una de las estafas científicas más graves de todos los tiempos).
El paciente sufre impotencia, insomnio y sonolencia. No está de humor para nada ni para nadie, se convierte en una carga para los demás.
El paciente engorda, se abandona. No puede hacer dieta ni ejercicio. Ya tiene bastante con lo que tiene y su cuerpo no responde y su cabeza no motiva.
El paciente coincide con otras víctimas y su círculo de relaciones se transforma y se convierte en un círculo de enfermos, tarados, gente sin solución que llevan años en tratamiento y que han pasado por lo mismo que el paciente nuevo está pasando.
El paciente aprende a fumar, a consumir estimulantes, a drogarse por su cuenta o a beber. Todo eso empeora las cosas, pero siempre es tolerado por el psiquiatra. "Las drogas, nada tienen que ver con esa enfermedad que tu tienes" "lo que tienes que hacer es no dejar nunca la medicación".
El paciente sufre de impotencia, falta de libido y a veces por la necesidad de estímulos y cariño, incurren en comportamientos sexuales extraños o desajustados: pierden la pareja. Son abandonados.
El abandono social y descuido personal hace que engorden considerablemente. La medicación psiquiátrica también ayuda a engordar. Todo ello ayuda al desajuste corporal y otras patologías que reducen la esperanza de vida hasta en 20 años. Aumenta el colesterol, la tensión, las arritmias, la artritis, etc. Así cualquiera sale de una depresión...

Y así cuando después de años de luchar y obedecer, ya no tienes nada que perder.

Pamela Cisneros, de 49 años.
Esta inmigrante ecuatoriana, graduada en psicología con y madre de tres hijos, lideraba silenciosamente una feroz lucha contra la enfermedad mental.
Residente de Queens y ex empleada de un abogado de inmigración, Pamela vio cómo su vida cambiaba hace 12 años tras una grave depresión posparto, que posteriormente condujo a un diagnóstico de trastorno bipolar.
Su familia dijo que recibió inyecciones mensuales para mantener su estabilidad y nunca había exhibido un comportamiento agresivo.

Sin embargo, "se sospecha" que había detenido su tratamiento en los últimos días, causando una descompensación mental irreversible.
"Ella nunca fue agresiva. No sé qué pasó", dijo su hermano, devastado. Su madre también salió de su silencio después de la tragedia, diciendo que estaba devastada:
"Me mataron mientras aún estaba viva".
En este 31 de agosto, sin previo aviso y armada con dos cochillos de cocina en Times Square, Pamela atacó a dos hombres desconocidos sin provocación.

Después de cuatro minutos de tensión e intentos de los agentes de neutralizar su con una pistola eléctrica, la mujer fue abatida por la policía, que luego la trasladó de urgencia al hospital donde falleció.
Y la víctima Erin Piacenti, vicepresidenta de Bank of America, de 32 años, que no tenía culpa ninguna y que deja a su familia sola. Un informe de CCDH habla de las otras víctimas inocentes de la psiquiatría
Algún día se conseguirá que se hable de lo que sufren las personas que han sido etiquetads de enfermedad mental y sometidas a tratamientos absurdos sin ninguna evidencia científica.
¿Compasión?
Pues sí. Como en el caso de Lindsay Clancy y otros muchos casos.
Compasión por la "asesina", que soportó 12 años de fracasos encadenados y de un tratamiento tan inútil como peligroso. Uno no puede creer que una persona con depresión, termine su vida después de 12 años de tratamiento, asesinando a otras personas.
Compasión por la víctima Erin Piacenti, que no merecía ser víctima.
Compasión por el policía que decidió disparar letalmente a Pamela, por miedo o por lo que fuese, pues será una experiencia difícil de superar.
Por la familia, padres, hermanos e hijos de Pamela que no supo ni pudo protegerla de este desenlace.
Por los profesionales que atendieron a Pamela y que probablemente no tengan el menor cargo de conciencia por un simple mecanismo de "disonancia cognitiva" porque en el fondo saben inconscientemente que su profesión es u error que no ayuda por mucho que quieran.
La psiquiatría y la psicología se construyeron desde el materialismo y para sustituir la ayuda moral que prestaban las confesiones religiosas y creencias espirituales como parte de una revolución social y como erramienta de control social.
La psiquiatría nunca demostró ser una ciencia sino un fraude intelectual desde Charcot y Mesmer con su magnetismo animal, pasando por el fraude de Freud con su psicoanálisis hasta los modermos de la estafa del desequilibrio químico.
Algún día.



Comentarios