La vacuna o la vida!


Miles de ancianos han fallecido en España en los últimos meses. Hay un exceso de mortalidad evidente y hay relación directa con las vacunas de la gripe.


Dentro de la paranoia de esta crisis sanitaria, lo más elemental es la falta de datos científicos y estadísticos fiables.

Las cifras de contagiados son imposibles de creer puesto que la mayor parte de los supuestos infectados se diagnostican por la clínica, es decir, no se hace prueba química. Solo una minoría de casos diagnosticados, sospechosos o personas sanas, han pasado por hacerse una prueba diagnóstica.

El segundo problema, es que las prueba diagnóstica no es sensible, ni fiable ni específica, ya que es un método indirecto de diagnóstico. Puede haber falsos positivos y falsos negativos, y en todo caso, nada asegura que un positivo sea una prueba de enfermedad, ni que un coronavirus de gato o de ave, sea el causante del resultado de la prueba. Con lo cual, los diagnósticos y la obsesión por realizar pruebas, no dejan de ser una estafa.

En el caso de los fallecimientos la cuestión se agrava, puesto que se parte de una presunción estadística que condiciona el abordaje de la enfermedad. El paciente sospechoso de padecer coronavirus, es tratado de una forma especial, concreta y estandarizada, y puede que no tenga infección por coronavirus y que cualquier otro abordaje médico, fuese más útil y sensato. Entonces se toma a los pacientes y se les hace esperar sin tratamiento, y una vez ingresados en urgencias, se siguen protocolos disparatados como corticoterapia o medicamentos no probados.


A partir del ingreso en el hospital, por instrucciones o por improvisación y sin contar con el consentimiento informado de los pacientes ni de sus familias, se somete al paciente a experimentos, ensayos, prueba-error. Se aísla al paciente de sus familiares por una falsa cuestión de salud pública y el paciente queda sujeto a una relación de especial sujección donde se convierte en casi un animal de laboratorio. Al paciente se le puede conectar a un respirador, sin importar si eso puede matarlo o no.

Cuando todo fracasa, sin reconocer el error, sin buscar alternativa, sin contar con la opinión del paciente, se perpetra la última fase, que es sedar, dejar morir y ordenar la incineración.


El paciente queda aislado de la posibilidad de proponer cualquier tipo de alternativa, desde volver a su casa a morir a tomar remedios caseros o no agresivos como la artemisia, la vitamina C, el Clorito de sodio, o medicamentos de eficacia conocida como algunos antibióticos y antiparasitarios (hidroxicloroquina). Si desde un primer momento se hubiesen empleado terapias naturales, tratamientos caseros y alternativos o tratamientos preventivos y curativos como la hidroxicloroquina, un gran número de casos no habrían llegado al hospital ni habrían requerido ingreso en UCI.

Pero parece que este no era el plan del Gobierno, empeñado desde enero en crear mucho estrés social, pánico y una alta mortalidad que justificase su plan totalitario.

La idea era meter miedo y tener cuantos más muertos mejor.

Algo que resultaba evidente es que desde el principio no había infección en niños y la mayor parte de los infectados con síntomas graves e ingresados, eran personas de la tercera edad que hacía mucho que no veían un turista o un chino -curioso-. poco a poco vamos viendo que también son gravemente afectados enfermos crónicos -hipertensos, diabéticos, obesos-, y a mitad de crisis nos enteramos de que la mayor parte de los pacientes fallecía tras un cuadro de reacción hiperinmunitaria -tormenta de citokinas-, que es típica de enfermedades autoinmunes y de malas técnicas vacunales.

El Gobierno, mientras, con sus expertos, niegan la realidad y se niegan a explicar la alta mortalidad en España, la mortalidad de las poblaciones tradicionalmente vacunadas, y la falta de uso de tratamientos preventivos curativos tempranos.


El Gobierno se empeña en hacer oídos sordos y seguir en su deriva totalitaria y eugenésica compartida por toda la oposición que se limita a hacer teatrillo. Y así proponen como única solución la búsqueda interesada y desesperada de una vacuna sin seguir los requisitos de seguridad y eficacia. La liberación de organismos genéticamente modificados se hace sin control de seguridad -así lo permite el RDL 8/2020-, hay varios equipos investigando con una gran cantidad de dinero y recursos públicos sin que los ciudadanos tengan el más mínimo conocimiento de qué tipo de vacuna se está conspirando. El ciudadano como de costumbre, solo tiene dos opciones: fiarse de los criminales del Gobierno o no fiarse. En cualquier caso, el plan está ahí: LA VACUNA O LA VIDA.


Son muchas y muy inteligentes las Ministras defensoras de las vacunas. Suelen ser solteras y sin hijos, y aunque tengan carreras sanitarias, no se les conoce experiencia práctica y mucho menos científica.

Algunas como la Ministra de Hacienda -sí, la que está permitiendo un estado absolutamente irregular, ilegal y malversador sin presupuestos y demasiados gastos sin justificar- es médico y miente: Dice que las vacunas son eficaces sin que pueda aportar ni un solo estudio científico.

La Miseria Celaa, famosa por coincidir con Hitler en la idea de que los hijos no son de los padres y que ella tiene el poder de hacer con ellos lo que le de la real gana, dice lo mismo.


Y sin poder evitarlo, tenemos que recordar a esa amiga de cerrar guarderías porque le molesta el sonido de los niños -noticia real-, la Ministra Carcedo, hablando de los derechos de los niños y su derecho a ser vacunados, al tiempo que defiende con beligerancia la eutanasia.



Ya en abril teníamos clara una hipótesis de trabajo y era que la enfermedad y la mortalidad, tenía una relación directa con la vacuna de la gripe. Algunos especialistas como la Dra Mikovitz y otros, hablaban de vacunas contaminadas con coronavirus, mientras que otros especialistas hablaban de reacción adversa de la vacuna de la gripe que interaccionaba y funcionaba como espoleta al contacto con el coronavirus. Quizás pueda ser las dos cosas. Pero lo cierto es que la vacuna de la gripe, guarda relación.

Ahora encontramos un trabajo que relaciona los adyuvantes con la causa de mortalidad por el coronavirus.

1) Las vacunas no son productos biológicos como dice el Gobierno y las Agencias Reguladoras como la AEMPS o la EMA. Las vacunas son productos químicos y productos de síntesis como cualquier otro medicamento, que contienen aditivos, conservantes y adyuvantes.

2) Nunca se ha hecho un ensayo de seguridad de una vacuna. No hay ensayos con doble ciego y placebo, ni hay comparaciones de estudios de vacunados y no vacunados tenidos en consideración.

3) Nunca se ha hecho un ensayo de la eficacia de las vacunas y en esto tampoco hay ensayos doble ciego y placebo, ni ha comparaciones estadísticas con los no vacunados.

4) No hay estudios de seguridad de los aditivos y conservantes inyectados en niños. El principio de precaución impide jugar con los niños como si fuesen cobayas de laboratorio, pero la realidad es que se hace y de repente, después de más de 30 años de uso, se prohibe el mercurio en vacunas... durante 30 años, era bueno y seguro. Aun hay gente que defiende que los mercuriados en vacunas son seguros, pero la realidad es que ya casi ninguna industria se atreve a emplear. Otro tanto ocurre con el aluminio que se empieza a sustituir por otras cosas no menos peligrosas.

5) La OMS reconoce que las vacunas no son seguras ni eficaces, y que son bombas de relojería y que cuando se encuentran a un niños lesionado o muerto después de una vacuna, no tienen ninguna explicación que dar. CANAL VIDEO La propia Abogacía del Estado en el pleito que mantenemos contra el Ministerio de Sanidad y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, reconoce que no tiene más información de seguridad y eficacia que la que está en internet y que de tener que informar de manera detallada y sistemática, tendrían que contratar personal extra...


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Quizás el problema sea el vínculo que hay entre la industria y los políticos, entre los médicos y las farmacéuticas.

Lo cierto que que hay un exceso de fallecimientos de personas mayores y de personas con enfermedades crónicas que no se explica por la crisis sanitaria y que hay una relación directa con unas vacunas que no son seguras ni eficaces.

Habrá que estar atentos a las vacunas que quieran proponer para combatir el Coronavirus, aunque lo más seguro es que vayan por la vía de la coacción y el insulto y no por la sensatez y la transparencia, pues son miles de millones de euros los que está en juego en este negocio.



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